Sony Pictures nos informa de la recaudación obtenida por El Código Da Vinci en su primer fin de semana de estreno en España: casi nueve millones de euros, 8.753.252 para ser exactos, o lo que es lo mismo, el 74% del total recogido en las taquillas de todo el estado durante esos tres dilas. El resultado lógico de una gigantesca campaña de promoción y de la distribución de la espectacular cantidad de 750 copias, que gracias al llamado sistema de interlock que permite la proyección de una misma cinta en más de una sala sirvieron para colocar la película en 1035 pantallas.
Enhorabuena a los de Sony por su éxito: que les aproveche. No voy a comentar nada sobre la calidad del film, que ni vi ni me interesa demasiado, pero sí me permito dejar aquí una única observación: lo que mata al cine no es el pirateo, ni el top manta, ni nada de eso. Lo que mata al cine es la pérdida de diversidad, la progresiva igualación de formatos y temáticas, y por supuesto la presencia arrolladora de las superproducciones que no dejan literalmente espacio físico para otras obras. Lo fundamental para el triunfo de una película en el mercado americano, y aquí vamos por idéntico camino, es una promoción intensa y un desembarco masivo con millares de copias en los cines: de lo que se trata es de arrasar en el primer fin de semana y luego mantenerse con dignidad con un número infinitamente más reducido de pantallas. Y eso ya sucedía mucho tiempo antes del eMule; no tiene nada que ver, pues, con el hecho de que haya un número enorme de espectadores que dejó de ir al cine para ver cine, cosa, por cierto, de la que son en gran parte culpables los propios mercaderes de la industria, que llevan décadas intentando convencer a la gente de que no es preciso salir de casa para ver películas, de que "es mejor" verlas tumbados en el sofá, en VHS primero, luego en LáserDisc y ahora en DVD, por no hablar de los canales de televisión de pago. Una vez que consiguieron que perdiésemos el "sentido ritual" de ir a una sala de cine -cosa que sin embargo no sucedió con el teatro, con la ópera o con los conciertos-, que nos acostumbrásemos a ver las películas a veces en condiciones penosas en la comodidad de nuestro hogar, nada tiene de extraño que ahora deseemos seguir haciendo lo mismo y a ser posible sin gastar un céntimo.
Hoy por hoy siguen haciendo dinero, y a montones, no se preocupen. Por mucho que lloren en público, incluso intentando crear un sentimiento de culpa entre los cinéfilos, los grandes números les salen redondos. Pregúntenle a Sony Pictures, sin ir más lejos.
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Bromeaba hace unos días con un amigo acerca de esto mismo que comentas.
Yo le decía a él, convencidísimo, que si yo fuera Sony obligaría a la creación de salas en los pequeños cines, con el objetivo de traer más cintas todavía. Leñe, qué va a pasar aquí, con el proteccionismo europeo :P. Si todos quieren Código, pues Código.
En fin, en el cine sevillano palomitas por antonomasia, Nervión Plaza, se puede ver en seis salas por lo menos. Así, cuando la gente fuera al cine, la única duda que le quedaría sería saber si se mete en la sala 3 o en la 2, que le pilla más cerquita.
Lo peor del asunto es que en esos pequeños cines de VO, caso aquí de Avenida 5 Cines, también se proyecta esa película. Es igual de rídiculo que aprovechar estas salas para ofertar cine español.
Yo creo que, tras toda esta aparatosa campaña de promoción, gran parte de culpa la tiene el propio espectador o el lector, como ocurrió con el libro, que se deja arrastrar por las modas. Hoy día parece que la cultura se consume (es decir, no se selecciona) como estos 'gadgets' tecnológicos nuevos sin cuya posesión una parece estar anquilosado; no hablemos ya del móvil. Conozco a gente sin el más mínimo interés por la literatura o el cine a la que el 'fenómeno Da Vinci' le ha llevado a leer el libro de Brown y, para completar el pack, a la sala de cine.
Por cierto, desconocía de la existencia del 'sistema de interlock' que citas. A mí, que soy de una pequeña provincia (Jaén), me han jodido con eso: pues sólo veo el careto del Hanks y la Tatou multiplicado en cada cartelera que consulto.
Estoy totalmente de acuedo con su comentario. Ahora en A Coruña tenemos el gran problema que se presenta en la mayoría de las ciudades, que la oferta cinematográfica apenas resulta atractiva y ni mucho menos diversa. Casi volvemos a esos tiempos cuando éramos niños en los años 60 y 70, cada cual tiene su edad, que tan sólo podía elegir entre una película de cada cine. La cuestión es que había más cines y la oferta era incluso más diversificada.
Ah!, aquí en A Coruña tenemos dos posibilidades más que hacen una programación alternativa pero muy escueta, (son la programación del Forum y del CGAI), el problema aparece cuando quieres ir a alguna película y el número de asientos disponible es mínimo. Muchas veces me he quedado sin poder ir a alguna película que me interesaba.
Parece que los tiempos parece que están cambiando hacia franco retroceso en algunos temas.
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