-Me contaron que anduviste preso -No, no me acuerdo más. Ya me olvidé de todo -Ahí te estaba esperando porque María te dejó esa canoa... -Ah, ¿esa canoa? -...esta es la que trajo María... trajo esta para que puedas ir al encuentro de ella (...) Me dijeron que anduviste preso, que mataste a tus hermanos. -Sí, sí, pero ya me olvidé. Ya me pasó todo.
Lisandro Alonso, guionista y director de Los muertos, reconoce en su obra la huella literaria de Horacio Quiroga. Yo también encuentro a veces un fuerte aroma a Juan Rulfo en esta portentosa película que avanza al ritmo tranquilo de una canoa por un río. El protagonista, Argentino Vargas, sale de la cárcel después de cumplir muchos años de condena y va al encuentro de su familia; se acuesta con una prostituta, se detiene a comprar una camisa para su hija y en una escena que sólo un hipócrita consideraría excesiva degüella a una cabra y la abre y la limpia delante de nuestros ojos. Lisandro Alonso pudiera ser una especie de pariente argentino de Apichatpong Weerasethakul, con quien comparte generación y un gusto similar por los planos largos y de magnética belleza, adobados por una banda sonora repleta de sonidos naturales: el canto de los pájaros, el silbido del viento, el rumor de los aguas. Es un envoltorio de absoluta placidez, pero viene alterado de origen por el efecto que en el espectador produce el inquietante arranque del film, que va camino de hacerse legendario. Desde ese momento y hasta su extraordinariamente hermosa secuencia final, con Vargas por fin junto a sus nietos en una cabaña cubierta por plásticos, Los muertos se revela como una película poco explícita, incluso enigmática. Nada importa lo que no se cuenta, en cualquier caso; es infinitamente más valioso lo que se ve, el retrato doloroso de unos personajes que hace mucho que dejaron de estar vivos de la mano de un cineasta que sabe que ninguna cosa es prescindible si la observamos el tiempo suficiente.
A vueltas con la esencialidad... Como bien dices Alonso tiene bastante en común con Weerasethakul, no los imagino trabajando en el Hollywood del los 30s. Ese Hollywood que Erice en más de una ocasión ha manifestado añorar y en el que le hubiese gustado poder trabajar.
"Los muertos" al igual que "La libertad" (títulos pretenciosos donde los haya) son muy buenos ejemplos de que hoy en día cualquiera que sepa tocar las cuerdas adecuadas en la "industria" y envuelva sus peliculitas de un cierto discurso conceptual tiene asegurado un lugar en el cine contemporáneo (en el apartado de "francotiradores" o "cineastas de lo esencial").
Evidentemente, en mi opinión, las películas de Alonso no son nada. Y no son nada porque no tienen nada de lo que realmente hace falta para contar una historia en cine. Por no tener no tienen ni guión, ni dirección. Al no tener nada de esto las películas no se escriben ni se dirigen; se "conciben" a lo Weerasethakul (no se puede ser más cursi ).
Así que ya saben. Cojan su cámara, escojan a alguién conocido, a ser posible un marginado. Váyanse a la selva con él, al monte o a un descampado (cuanta menos gente alrrededor mejor, ya saben: "esencialidad"). Utilicen el fuera de campo de manera que parezca que haya algo más allá del alcance de la cámara. Graben sonidos de ramas y de pisadas y eviten a ser posible diálogos que demuestren que los personajes son algo más que figuras con un paisaje al fondo.
Luego, cuando estés nominado para la sección Une certain regard contesta parcamente y da a enterder que casi no has visto películas, que prefieres la vida al cine. Sé un "cineasta-buen salvaje". Sé, en definitiva, también "esencial" en tus palabras y en tu imágen.
Y yo que pensé que "Los muertos" era una adaptación argentina de la novela de Joyce.
Si hay algo que cala de entrada al leer a Rulfo es su utilización del lenguaje: preciso, evocador, tangible, poético. Nada parecido a lo que encabeza el post. Eso sí, si te empeñas en buscar superfluas similitudes argumentales estás en tu derecho.
No sé si conoces la obra fotográfica de Rulfo. De no ser así te la recomiendo absolutamente. En ella se aprecia como concibe el paisaje de manera plástica y habría que ser muy torpe para creer que el mexicano pudiera llegar a subscribir, siquiera a llegar a tener en consideración, los postulados estéticos y narrativos del "porretas" argentino.
Hola
es la 1ª vez que entro en este blog
ha sido de rebote..buscando información sobre Lisandro Alonso
no he visto nada suyo y...estoy ansiosa realmente por las referencias que tengo de él..
he leido con interés la opinión de Ethan Edwards..veo que el maravilloso -apriori para mi- Lisandro tb tiene detractores
aun más curiosidad por ver su cine
un saludo y enhorabuena por tus blogs
una cinéfila
Lenanueva
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