Por qué se parece tan poco la televisión al cine? Hay mucha gente convencida de que el estilo de ambos medios debe ser necesariamente diferente. El espectador de la pequeña pantalla, al parecer siempre muy cansado después de muchas horas de duro trabajo (no importa el día o la hora de emisión) no está dispuesto a hacer grandes esfuerzos y requiere pura evasión. Nada tengo en contra de eso, realmente; lo que no acabo de entender es que los programadores consideren más divertido Salsa rosa que las comedias de Billy Wilder.
Los planos largos y los movimientos de cámara sofisticados quedan expresamente prohibidos en las series de ficción; lo impiden unas no escritas reglas de estilo según las cuales un ciudadano medio no soporta esos recursos formales. La televisión obliga, dicen, a la velocidad, al montaje acelerado y trepidante. Lo que no se explica es que hacer televisión de la manera en que se hace es, sobre todo, más barato; que el estilo plano-contraplano permite fijar la posición de los actores sobre un decorado mínimo (lo primero que sorprende al ver un plató es lo reducido que es el espacio disponible) y que evitando escenas complejas el riesgo de errores y repeticiones disminuye, con lo cual se ahorra dinero, claro. Además siempre cabe confiar en el buen trabajo de los montadores, creadores nunca suficientemente reconocidos, que eliminando unas imágenes de aquí y metiendo otras por allá saben llenar minutos y rehacer las secuencias que no quedaron definitivamente bien resueltas durante el rodaje.
La televisión está bien, sí, pero es otra cosa. El cine de verdad es algo semejante a esto:
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