Celebramos hoy el
Día Mundial del Libro Infantil imitando al
British Film Institute para recuperar la vieja costumbre de las listas dominicales proponiendo
diez grandes películas que todos los niños deberían ver antes de los catorce años, algunas de las cuales ya las adelantamos en el
Extrarradio de ayer:
Triplettes de Belleville, de Sylvain Chomet (Francia, 2003): el mejor film de animación post-Disney. Una delicia llena de personajes para la historia: la abnegada abuela protagonista, Madame Souza; las excéntricas hermanas Belleville; el sacrificado ciclista, el perro Bruno y, como no, el tren que pasa.
Yaaba, de Idrisa Ouedraogo (Burkina Faso, 1989): la amistad entre un niño y una anciana a la cual todos tienen por bruja. Una colección de postalitas africanas para los críticos más miopes, o una manera diferente de contemplar el mundo para los cinéfilos atentos y con ánimo multicultural.
Ni un menos, de Zhang Yimou (China, 1999): una alumna recibe de su maestro el encargo de conseguir que ningún crío deje de ir a la escuela. Imposible no dejar caer alguna que otra lágrima en su emocionante tramo final.
Central do Brasil, de Walter Salles (Brasil, 1998): un viaje iniciático con un chaval en busca de su padre acompañado por una mujer que kilómetro a kilómetro va perdiendo amargura. Walter Salles es demasiado sentimental y a veces se le va un poco la mano hacia el esteticismo, tanto en esta como en las posteriores
Abril despedaçado y
Diarios de motocicleta, pero sus personajes resultan siempre extraordinariamente cercanos y conmovedores. Ojalá Hollywood
no acabe con él.
One hundred and One Dalmatians, de Clyde Geronimi, Hamilton S. Luske y Wolfgang Reitherman (EEUU, 1961): irresistible, encantadora e inteligente,
101 dálmatas es una de las últimas obras maestras de la factoría Disney, un lugar dónde entendían que la buena animación descansa fundamentalmente en un guión milimétricamente medido, algo que resulta tremendamente provocador en esta era de los fuegos digitales de artificio.
The Miracle Worker, de Arthur Penn (EEUU, 1962): Anne Bancroft haciendo de Anne Sullivan en la que es, para mí, una de las tres o cuatro mejores interpretaciones femeninas de todos los tiempos. Un film intensamente emotivo y con escenas brutalmente inolvidables como aquella con la profesora Sullivan enseñándole a Hellen Keller a emplear los cubiertos para comer.
¿Dónde está la casa de mi amigo?, de Abbas Kiarostami (Irán, 1987): un niño se lleva por error el cuaderno de su compañero de mesa en el colegio. Consciente de que si no hace los deberes su amigo va a ser expulsado de la escuela, el chaval decide ir a su casa para devolvérselo, ante el desinterés e incomprensión de la mayor parte de los adultos con los que se cruza. Si algún día hago una lista de mis héroes cinematográficos favoritos, el protagonista de esta obra maestra de Kiarostami, Ahmed, quedará en primer lugar.
Le ballon rouge, de Albert Lamorisse (Francia, 1956): un crío, un globo rojo y las calles de París. Un prodigio de media hora de duración y casi sin diálogos que a pesar de eso convenció a la Academia de Hollywood, que recompensó su magia con un Oscar al mejor guión original. Hermosa en grado máximo,
Le ballon rouge es el puente cinematográfico que nos lleva del realismo poético de René Clair o Marcel Carné a la naturalidad vitalista de la mejor
Nouvelle Vague.
To kill a mockingbird, de Robert Mulligan (EEUU, 1962): un clásico indiscutible, con unos niños aprendiendo las mejores lecciones de su vida gracias a ese colosal icono de honestidad llamado Atticus Finch. Una joya ya desde los títulos de crédito, guiados por la excepcional música de Elmer Bernstein.
Alumbramiento, de Víctor Erice (España, 2002): valen también
El espíritu de la colmena o
El Sur, las dos mejores películas hechas en España; pero elijo
Alumbramiento, el último trabajo de Erice, porque sus diez minutos son los más perfectos del cine de los últimos años. Y si no me creen a mí, pregúntenle
a Pedro.
Pather panchali, de Satyajit Ray (India, 1955): la
primera entrega de la llamada
Trilogía de Apu es una de esas alhajas que marcan un antes y un después en la vida de quien las descubre. ES tal su pureza que cualquiera pensaría que el cine acaba justo de nacer mientras contempla, agradecido, las imágenes portentosas de
Pather panchali. Una obra deslumbrante nacida del talento de uno de los mayores humanistas del cine.
The night of the hunter, de Charles Laughton (EEUU, 1955): el film que
yo prefiero de cuantos he visto. Obra profundamente cerebral, construida con precisión y repleta de referencias simbólicas,
The night of the hunter atrapa al espectador con su poderosa carga emotiva y su mensaje desarmante:
Lord, save little children. The wind blows and the rain's la-cold. Yet they abide...
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