
El 13 de noviembre de 2003, un año después de que aprendiéramos un nuevo significado de la palabra
"Prestige", se celebró una rueda de prensa en Italia para dar a conocer
RaiOT, una serie satírica de la
RAI 3 compuesta por un monólogo de veinte minutos a cargo de la actriz Sabina Guzzanti y de un conjunto de sketches que retrataban con humor e ironía las vicisitudes de la política de aquel país. Durante la presentación el director de la cadena, Paolo Ruffini, no tuvo reparos en elogiar públicamente el trabajo de todo el equipo de guionistas, encabezado por la propia
Sabina Guzzanti y del que forman parte también Curzio Maltese, Emanuela Imparato y Paolo Santolini.
Tres días después y a eso de las cinco de la tarde, apenas unas horas antes de la emisión del programa, Paolo Ruffini llama por teléfono a Sabina Guzzanti para comunicarle que la serie queda cancelada. Sus creadores convocan de inmediato otra rueda de prensa para anunciar la suspensión y denunciar así un caso evidente de censura. Viendo lo que se le venía encima, Paolo Ruffini cambia de parecer y el primer episodio, dedicado a la libertad de expresión, acaba apareciendo en las pantallas de la televisión italiana a las once y media de la noche. El programa alcanza una audiencia próxima a los dos millones de espectadores, con picos de hasta un 25% del share y convirteindo a la RAI 3 en el canal más visto durante bastantes minutos. Los italianos se echan a reír con las brillantes e incisivas parodias de Silvio Berlusconi, Massimo D’alema y Lucia Annunziata (por aquel entonces de la RAI). El éxito es indiscutible. Tanto, que resultaba obvio que un programa así no podía durar.

Las reaccións desde el poder no se hacen esperar. Mediaset, la empresa de Berlusconi, demanda por difamación a la RAI, a la productora (Studio Uno), a Paolo Ruffini y a todos los guionistas. En la reclamación exige una compensación económica por daños y perjuicios absolutamente desmedida: veinte millones de euros. En consecuencia, la RAI decide interrumpir la emisión de
RaiOT después de la primera entrega. Fíjense en la perversidad de todo esto: Berlusconi/Mediaset demanda a Berlusconi/RAI para conseguir que eliminen una serie que le molesta. El equipo decide proyectar el programa a modo de protesta en el Auditorio de Roma; entre los que los apoyan está el Premio Nobel de Literatura
Dario Fo. Miles de personas acuden a verlo. Un montón de cines e páginas web hacen lo mismo y retransmiten también el programa. Es un acto poético, hermoso, reinvindicativo, una
arroutada al estilo
Burla Negra que a nosotros, ciudadanos de la generación chapapote, no se nos antoja nada ajena. Fue bonito mientras duró, pero el caso es que
RaiOT nunca más fue emitido.

El juez acabó desestimando la demanda de Mediaset por carecer de fundamentos: la serie es una sátira y lo que dice es genuinamente auténtico, y por lo tanto no tiene sentido hablar en absoluto de difamación. Fue en ese momento cuando
Sabina Guzzanti se decidió a rodar
Viva Zapatero!, un documental tan divertido como inquietante por su retrato aterrador del control de los medios de comunicación de Italia por parte de Silvio Berlusconi. Hecho con fuerza y garra, al estilo del mejor Michael Moore,
Viva Zapatero! acaba dejando un sabor de boca amargo, porque todo lo que nos cuenta Sabina nos resulta sospechosamente próximo, lo vemos como algo que nos pudo pasar también a nosotros, o que quizá aún esté a tiempo de suceder, ante la desidia de una clase política que no reacciona cuando debe y la inconsciente desinformación de la mayor parte de las personas.
Viva Zapatero! es un trabajo necesario, un panfleto luminoso y magnífico de visión obligada. Magnífica, la verdad, la decisión de escoger este film para
inaugurar la edición del 2005 de la mostra
Cineuropa.
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