Virginia Mayo, 1920-2005
Nunca me pareció especialmente guapa, y tampoco creo que pueda ser considerada una gran actriz, pero eso no evita que siempre haya sentido una especial simpatía por ella. Es lógico, por otra parte: el rostro de
Virginia Mayo va asociado a mis recuerdos infantiles, a aquellas memorables tardes de sábado llenas de vaqueros y de piratas gracias a una televisión que ahora se nos antoja irrepetible. Virginia Mayo fue la fiel compañera de Danny Kaye en varias comedias que casi es mejor no volver a ver, pero también supo ser la chica del gángster en un
mítico título de Raoul Walsh o la esposa de un soldado llamado Dana Andrews en el amargo retrato de la vuelta al hogar que nos ofreció William Wyler en
The best years of our living. Repitió con Walsh en una maravilla de épica marina,
Captain Horatio Hornblower R.N., y conquistó a un aún muy circense Burt Lancaster en
The flame and the arrow, dirigida por el genial Jacques Tourneur y con guión de Waldo Salt, poco tiempo antes de que su nombre apareciese en la lista negra del Comité de Actividades Antiamericanas.
¡Ay! Qué tiempos aquellos en los que cualquier intérprete medianamente conocido tenía en su filmografía un buen puñado de obras maestras
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