Año de producción: 2004 (Francia);
Dirección y guión: Claude Nuridsany y Marie Pérennou;
Producción: Alain Sarde;
Música original: Bruno Coulais;
Fotografía: Claude Nuridsany, Marie Perénnou, Patrice Aubertel, William Lubtchansky y Ciryl Tricot;
Montaje: Marie-Josèphe Yoyotte y Pauline Casalis;
Diseño de producción: Jean-Baptiste Poirot;
Diseño de sonido: Laurent Quaglio;
Sonido: Bruno Charier y Gèrard Lamps;
Reparto: Sotigui Kouyaté
(narrador).
En 1996 un largometraje documental que se acercaba al fascinante mundo de los insectos reventó la cartelera francesa superando, para satisfacción del bolsillo y del gigantesco ego de su productor Jacques Perrin, la colosal cifra de tres millones de espectadores (evitaré la vergüenza comparativa omitiendo el número de entradas vendidas en España).
Microcosmos: Le peuple de l'herbe era el primer trabajo para el cine de una pareja formidable, Claude Nuridsany y Marie Pérennou, que con él definió un modo muy especial de entender el género, apostando por la fuerza poética y narrativa de las imágenes y prescindiendo del didactismo ramplón de las producciones televisivas. Para su segunda película decidieron asumir el osadísimo reto de enfrentarse en tan sólo ochenta minutos al nacimiento de la vida.
Genesis pasó injustamente inadvertida en medio de la apretada agenda del último Festival de Donostia, de tal forma que a su pase muy pocos críticos se prestaron a acudir. Lo siento por ellos; no sólo se perdieron una cinta deslumbrante sino también una
interesantísima rueda de prensa, mucho más viva de lo que cabía presagiar en virtud de las escasas butacas ocupadas.
Un brillante inicio con cristales de vitamina A filmados a través de un microscopio con luz polarizada sirve de perfecta introducción para lo que la película va a depararnos.
Genesis renuncia expresamente al uso de efectos digitales y se decanta con indescriptible eficacia por trucos artesanales, valiéndose de humo o de pompas de jabón para crear juguetonas e ingeniosas analogías. Las ideas se multiplican en cada fotograma construyendo una red inagotable de sugerentes referencias:
"Nos basamos en datos científicos para transformarlos en una especie de mitología moderna. Queríamos devolverle el sentido de encantamiento a una ciencia que también puede alimentar la imaginación colectiva con imágenes tan potentes como las que transmiten los mitos, como la Tierra vista desde el espacio o un feto humano en el útero de su madre". Así, la ecografía de altísima resolución que nos muestra los gestos y movimientos de un bebé en el vientre materno o las imágenes del nacimiento de un pollito visto desde dentro del huevo se llenan de fuerza simbólica, como si esas escenas no hubieran sucedido nunca antes y estuvieran produciéndose por primera vez delante de nuestros ojos agradecidos. De hecho, toda la película se caracteriza por un luminoso primitivismo, convirtiendo en protagonistas a seres que a priori no nos parecen muy cercanos y con los que encontramos vínculos desconcertantes. La danza amorosa de los caballitos de mar, la serpiente come-huevos, el combate de las iguanas marinas o ese insólito pez que pesca nos introducen en un mundo intemporal al que no nos sentimos ajenos, en un hermoso ejercicio de reconciliación con nuestros orígenes. La vida es la historia más bella del mundo, y en
Genesis adopta la forma de un relato ancestral narrado por un
griot, un cuentacuentos africano al que dota de voz y de presencia el espléndido Sotigui Kouyaté, apoyado por la fantástica envoltura sonora creada por Laurent Quaglio y la maravillosa música de Bruno Coulais.
Carente aún, por supuesto, de fecha exacta de estreno, cosa que sucederá en algún momento a lo largo del próximo año 2005,
Genesis es una obra maestra incontestable e inspiradora, pero por encima de todo es una lección de fraternidad:
"Los títulos de crédito dicen: estar vivo es urdir una historia desde un comienzo que no recordamos hasta un final del que no sabemos nada... Queríamos ser puramente materialistas. La materia ya está hecha de sueños, poesía, preguntas y metafísica, ya que en este gran ciclo de recombinaciones sucesivas los átomos creados poco después del Big Bang son inmortales y su número invariable: reciclados de un ser a otro, pasan de la arena a las nubes, después quizás a un rostro, y después podemos encontrarlos en un río. Suena como un poema Sufí. De hecho, estamos formados con el mismo material que el mundo, las estrellas, las nubes y las montañas. Tenemos una afinidad esencial con el mundo."
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